La gestación extrauterina

La gestación extrauterina, una gran desconocida todavía, tiene lugar durante más o menos los doce primeros meses de vida de nuestro bebé. Del mismo modo que durante los nueve meses de enbarazo éste crece y se perfeciona de forma intrauterina en nuestro vientre, una vez llega al mundo continua una fase de maduración vital para el correcto desarrollo tanto físico como emocional de nuestro hijo. Este periodo está marcado por la necesidad de contacto que como todo mamífero, es vital para el recién nacido, y es un factor clave para su crecimiento positivo, además de una experiencia familiar muy gratificante y enraizadora.
Mientras el bebé no puede valerse por si mismo su necesidad de contacto muy aguda ya que le aleja de la sensación de peligro aportándole la seguridad necesaria para crecer y desarrollar una estructura emocional confiada y plena.
Si nos fijamos todos los niños al nacer tiene el instinto reflejo de sujetar la mano o el dedo, buscando constantemente el contacto íntimo para substituir el lugar calentito de donde provienen por el calor corporal de quienes le acogen y cuidan.
Así que igual de importante es para nuestro hijo haber tenido una gestación saludable durante el embarazo como continuar ese proceso durante la gestación extrauterina, donde nuestro mayor esfuerzo tiene que centrarse en hacer de su adaptación al nuevo entorno, lo más agradable, dulce y amorosa posible.
La importancia de la lactancia materna más allá de las obvias cualidades nutritivas e inmunológicas de éste tipo de alimentación, fomenta el tan necesitado contacto físico con nuestro hijo.
Su fragilidad se va fortaleciendo gracias a las atenciones que recibe y sus necesidades primarias se convierten en una base de seguridad muy necesaria si tenemos muy en cuenta la importancia del contacto con nuestro retoño.
Es importante también tener en cuenta que en muchas ocasiones el llanto de nuestro hijo será una forma de reclamar ese espacio de seguridad personal que le produce estar en los brazos de su madre o de su padre.
Realizarle masajes y caricias , transportarlos durante los primeros meses en mochilas-canguro, tener siempre que sea posible un contacto piel con piel y atender con sus demandas con el máximo cariño y mimo propiciará un entorno positivo y estimulante que será una marca distintiva para sus respuestas emocionales futuras.
Imagen: Crecer feliz
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