El poder de la palabra

En muchas ocasiones, cuando reconocemos que determinadas pautas de pensamiento pueden estar influyendo de forma negativa en nuestra actitud ante la vida y sus experiencias, nos enfocamos en generar un cambio notable sobre esos patrones mentales y olvidamos facilmente la segunda premisa indispensable para que nuestra percepción del entorno esté plenamente enfocada en lo positivo ya se encuentre manifestado o en potencia.

Tan importante como vigilar nuestros pensamientos para que éstos discurran siempre como emisores de causas positivas, enriquecedoras, motivadoras e inspiradoras, es prestar atención a todo aquello que verbalizamos, ya que las palabras influyen directamente en nosotros y en nuestro entorno.

Estudios recientes realizados en Rusia afirman que nuestro ADN responde a la palabra. Su estructura genética se asemeja a los códigos y patrones lingüísiticos que empleamos para comunicarnos y son muchos los científicos que afirman además que la propia lengua se ha desarrollado en nuestras culturas gracias a la similitud con la estructura del ADN.

Esta posibilidad nos acerca a la comprensión de porqué tantísimas culturas han desarrollado determinados ejercicios y rituales de potencialización cuya máxima expresión son siempre las palabras, (mantras, rituales litúrgicos etc…).

El doctor Emoto ha demostrado también como la palabra es capaz de alterar las estructura de agua, consiguiendo observar a través del microscopio como determinados mensajes positivos alteran la estructura de las moléculas dando como resultado hermosas formas y mandalas.

Si tenemos en cuenta que tanto el espacio donde vivimos, la Tierra, y nuestro propio cuerpo son en gran parte de su forma agua, nos daremos cuenta de la importancia que estos recientes descubrimientos pueden tener respecto a nuestra salud y bienestar, tanto físico como emocional.

Los pensamientos recurrentes terminan siempre por ser verbalizados en un momento u otro…la expresión de éstos nos conducen siempre a repetir continuamente determinadas expresiones, éstas a su vez terminan formando parte de nuestras creencias convirtiéndose en actitudes personales, y esas actitudes a su vez crean nuestra personalidad influenciando todos los campos de nuestra experiencia personal y vivencial.

Las culturas orientales tienen desde el origen muy claro la importancia del silencio muy probablemente porque conocen la capacidad y el poder de influencia de la palabra.

Nosotros, en occidente, hemos pasado por alto este importante detalle y solemos hablar, criticar, juzgar, y verbalizar sin control y medida cualquier pensamiento u ocurrencia sin tener en cuenta las repercusiones de este modo de actuar.

Vigilar nuestras palabras, prestarles atención siendo conscientes que siempre estarán manifestando una creencia, un pensamiento o un patrón que puede terminar teniendo una influencia en nuestra actitud o estado de ánimo y percecpción, nos ayudará a practicar un modo saludable de vivir, donde somos tan responsables de aquello en lo que pensamos, como de aquello que decimos.

Imagen: Viva la Bio-danza

Escrito por Anabel el 18 febrero, 2012 | ningún comentario
Etiquetas: , , , Cuerpo y mente

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